s, 10 de abril de 2010.
Todos podemos contar algo, y podemos contar mucho; pero pocos son los que cuentan algo y menos los que cuentan mucho.
Los que creen que no tienen nada que perder y sí todo que ganar, los que no podrían vivir si no es contando, los seguros de sí mismos, los valientes y los locos, cada cual a su manera, son los que cuentan.
Bien para vivir, bien para no morir; bien para disfrutar, bien para no sufrir, valientes o locos, los contadores por naturaleza o por necesidad llenan los oídos de los demás y las páginas de los libros de sus historias, historias transidas de valor o de trastorno, pero todas ellas historias oídas, escuchadas, leídas, atendidas.
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